Lo ideal es empezar el día tomando un completo desayuno.
El desayuno debe ser variado en nutrientes para lograr un correcto y equilibrado funcionamiento, tanto físico como mental. Por la mañana nuestro organismo necesita de la mayor cantidad de energía.
Existe el mito, que evitando el desayuno lograremos bajar de peso y es uno de los más erróneos. Si nos quedamos por debajo de las necesidades al principio del día, el resto del día tendremos hambre y seguramente terminaremos comiendo alimentos innecesarios que al final contribuyen notoriamente en nuestro peso.
Además, la falta de esta comida inicial puede generarnos dolores de cabeza y un desgano general. No desayunar puede aumentar la sensación de sueño y pérdida de atención.
Los hábitos alimenticios están cambiando a consecuencia del ritmo de vida actual con estilos de vida sedentarios, agendas apretadas que nos dejan poco tiempo para cocinar. Esto se traduce en un aumento de la cifras de sobrepeso y obesidad, con un alto consumo de comida rápida ricas en grasas y baja en nutrientes, mayores cantidades a las recomendadas y una falta de ejercicio.
En el caso de los niños, según datos del Ministerio de Sanidad y Consumo, el 6,2% de la población infantil y juvenil no desayuna habitualmente y sólo el 7,5% de los niños toman un desayuno equilibrado compuesto por leche, fruta o zumo e hidratos de carbono.
Para que los beneficios sean los máximos, debemos lograr un equilibrio entre proteínas (leche, huevo) carbohidratos (pan, cereales), vitaminas y minerales esenciales (frutas y zumos).
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